Pique macho
El plato cochabambino de carne, salchicha, papas fritas, locoto y huevo. Cantidades reales para compartir y el orden correcto del montaje.
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Los segundos de la mesa boliviana, del pique macho al majadito: qué lleva cada uno, cuánto tarda, de qué departamento es y con qué se acompaña.
La última de esta secciónPique machoUn plato fuerte boliviano casi nunca es una pieza sola con una guarnición al lado: son tres cosas en el mismo plato, y las tres se cuentan. Un ají hidratado y molido que da el color y el fondo —colorado o amarillo—, uno o varios almidones —papa, chuño, arroz, mote, y muchas veces los cuatro, porque la costumbre no es elegir sino sumar— y una salsa fresca que se sirve aparte para que cada quien decida cuánto pica lo suyo. Entender esas tres piezas es entender la mitad de esta sección antes de abrir una sola receta.
Es además el segundo tiempo de una comida, no la comida entera. El almuerzo boliviano tradicional empieza por una sopa con carne y almidón dentro —no un entrante ligero— y sigue con el plato fuerte. Por eso muchas de estas recetas dan menos de lo que parece para una mesa sola, y por eso cada ficha dice para cuántas personas está pesada: la calculadora de porciones reescala lo que haga falta sin que haya que hacer cuentas.
Los hay de tres tipos y se cocinan de maneras muy distintas. De una olla —la sajta, el picante de pollo, el falso conejo— que perdonan los tiempos y se resuelven sin vigilancia. De horno y brasa —el lechón, el keperí, el pacumutu, los anticuchos— que piden planificar y poco más. Y de montaje, que son los que llegan a la mesa con tres preparaciones calientes a la vez: el silpancho, el pique macho, el trancapecho. Si es la primera vez, el de una olla es el que sale bien a la primera.
Cada receta de aquí dice de qué departamento es, y eso cambia el plato más que cualquier otra cosa: la despensa de La Paz a 3.600 metros y la de Santa Cruz en el llano no se parecen. Los ingredientes que fuera de Bolivia no están en el supermercado enlazan a su ficha del glosario, con a qué saben y con qué se reemplazan sin desarmar el plato, y los tiempos son los de una cocina de casa — si una carne necesita dos horas, aquí dice dos horas.
El plato cochabambino de carne, salchicha, papas fritas, locoto y huevo. Cantidades reales para compartir y el orden correcto del montaje.
Ver recetaArroz, papa, milanesa fina como una hoja y huevo frito, con su salsa cruda encima. El plato de Cochabamba, montado en el orden correcto.
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Ver recetaCerdo cocido en su propia grasa con chicha hasta quedar dorado por fuera y jugoso dentro, con mote, papa y llajua.
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Ver recetaCarne de cerdo en trozos guisada en su propia grasa con urucú y ají colorado hasta quedar tierna por dentro y tostada por fuera.
Ver recetaEl plato de fiesta boliviano: pollo en salsa de ají colorado, con chuño, papa y arroz. Cómo conseguir el color sin que solo pique.
Ver recetaFiletes de res guisados en cerveza con cebolla y tomate hasta que la salsa espesa y se vuelve dulce. Plato cruceño de olla y de domingo.
Ver recetaEl pollo paceño en salsa de ají amarillo con chuño y tunta, rematado con sarsa de cebolla cruda y huacataya.
Ver recetaLos pescaditos del Titicaca enharinados y fritos enteros, crujientes de cabeza a cola, con chuño, mote y llajua. Plato paceño de mercado.
Ver recetaEl pollo frito de los locales bolivianos, con su marinada láctea y su costra sazonada, más las papas y el plátano frito que lo acompañan.
Ver recetaEl caldo navideño boliviano con tres carnes, choclo, vino y pasas. Dulce y salado a la vez, cocinado la víspera y servido a medianoche.
Ver recetaCharque de llama o de res deshilachado y frito, servido con mote, papa, huevo y queso. El plato emblema de Oruro.
Ver recetaEl caldo de cerdo con ají amarillo, mote y chuño que se come de madrugada en La Paz. Picante, claro y de cocción larga.
Ver recetaChoclo, haba, papa y queso frito en un solo plato. La comida vegetariana de La Paz, sencilla y perfectamente equilibrada.
Ver recetaEl plato boliviano de carne apanada guisada en salsa de ají, que no lleva conejo. Con arroz, papa y chuño.
Ver recetaEl guiso de carne picada de Tarija con ají colorado, arvejas y papa, servido con arroz y ensalada criolla.
Ver recetaEl silpancho cochabambino dentro de un pan: milanesa, arroz, papa, huevo y salsa cruda en una marraqueta. Comida de calle.
Ver recetaPara una mesa de mucha gente, los platos de olla: el picante de pollo es el de los cumpleaños y los bautizos por una razón práctica —se dobla sin que cambie nada— y la sajta de pollo es la receta donde mejor se entiende para qué sirve el ají colorado bien frito antes de mojarlo. El falso conejo resuelve lo mismo con carne apanada y sale más barato.
Para compartir en el centro de la mesa, el pique macho: una fuente con papas fritas abajo, carne y salchicha salteadas encima y locoto por arriba. Nunca se emplata individual, y ahí está la mitad de su gracia. Si lo que se busca es un plato de domingo con horno, el lechón al horno y el keperí al horno piden planificar la víspera y nada más; el pacumutu es la versión de brasa.
Y para el plato que impresiona, los de montaje: el silpancho cochabambino —arroz, papa, una milanesa golpeada hasta quedar más grande que el plato y un huevo frito— y su hermano de mano, el trancapecho, que es el mismo silpancho dentro de un pan. Son tres preparaciones que tienen que llegar calientes a la vez, así que salen mejor cuando ya se tiene el pulso de los tiempos.
Si no hay una ocasión sino una nevera, el atajo es «¿qué cocino hoy?»: busca recetas por lo que ya tienes en lugar de por lo que hay que comprar.
El total no es el dato que decide si se cocina hoy: lo que decide es cuánto hay que estar delante. Por eso cada ficha de esta sección separa el tiempo de preparación, el de cocción y el de reposo en tres líneas en lugar de dar una suma. Dos horas de olla sin vigilar son más fáciles de encajar en una tarde que cuarenta minutos de fritura seguidos.
Lo más rápido son los salteados y los apanados: un pique macho se resuelve en poco más de media hora si las papas están fritas, y el pollo broaster depende casi solo del tiempo de marinado, que es espera y no trabajo. Lo más largo son las preparaciones que empiezan la víspera: el chicharrón de cerdo necesita dos horas que no se pueden acortar —el líquido tiene que evaporarse para que la carne se fría en su propia grasa—, el charquekán empieza por desalar el charque y la picana de Navidad gana si se hace el día antes.
Para cuadrar cantidades cuando sois más o menos de los previstos, la calculadora de porciones reescala cualquier receta del sitio, y el conversor de medidas traduce las tazas con la densidad real de cada ingrediente, que no es la misma para la harina y para el azúcar.
Con tres cosas, y ninguna es opcional en una mesa de verdad. La sopa va antes, no después: el almuerzo tradicional empieza por un plato con carne y almidón dentro —un chairo, una sopa de maní— y eso cambia cuánto plato fuerte hace falta por persona. La llajua va al lado, hecha al momento, para que cada quien regule su picante. Y la ensalada va encima o en el borde, casi siempre criolla: tomate, cebolla y locoto en crudo, que es lo que corta la grasa de una fritura.
Lo que casi nunca se sirve con un plato fuerte boliviano es pan de acompañamiento, con una excepción que es un plato en sí misma: la marraqueta paceña. Y de beber, en una mesa de fiesta, una bebida típica antes que un refresco.
La misma sección reparte muy distinto según de dónde sea el plato, y la frontera que importa no es departamental sino de despensa. En el altiplano el plato fuerte gira alrededor de la papa en sus cuatro formas y de carnes de cocción larga; en los valles aparecen el maíz, el trigo y una fritura más generosa; en el oriente mandan el arroz, la yuca y el plátano, y no hay chuño en ninguna parte. Las tres tienen su propia página con sus recetas, y cada departamento la suya.
Casi todos se pueden hacer, y casi todos tropiezan con los mismos tres ingredientes: el ají colorado, el ají amarillo y el charque. Los tres son el sabor de media sección, no un adorno, así que es donde merece la pena insistir antes de sustituir. Los tres tienen ficha con a qué saben, cómo se preparan y con qué se reemplazan: ají colorado y charque en el glosario, y la tabla de sustitutos los enfrenta a todos de un vistazo, que es más rápido con un supermercado delante.
Dos cosas que conviene saber antes de empezar. El ají se hidrata y se muele, nunca se echa en polvo si se puede evitar, y se fríe en aceite antes de mojarlo: ahí es donde da color, dulzor y fondo afrutado — echado directo al caldo solo pica. Y el chuño de los platos del altiplano no es una papa deshidratada cualquiera: se remoja, se pela y se aprieta, y sin ese paso queda a madera.
Utensilio especial casi nunca hace falta: un plato de olla boliviano sale en cualquier cocina. Y para saber qué se encuentra en cada país, hay dos guías escritas para eso: cocinar comida boliviana en España y cocinar comida boliviana en Estados Unidos.
Dos tiempos. Primero una sopa —chairo, sopa de maní, cazuela— que lleva carne y almidón dentro y no es un entrante ligero, y después el plato fuerte, casi siempre con papa, chuño o arroz y una ensalada fresca al lado. En muchas casas la sopa es la parte que de verdad alimenta, así que el segundo plato se sirve en raciones menores de lo que esperaría alguien de fuera.
Uno de una sola olla: la sajta de pollo, el picante de pollo o el falso conejo. Los tres se resuelven en una cacerola, perdonan los tiempos y no piden fritura, salsa y guarnición al mismo tiempo. El silpancho y el pique macho salen mejor cuando ya se tiene el pulso de los tiempos, porque son tres preparaciones que tienen que llegar calientes a la vez.
Los salteados y los apanados. Un pique macho se resuelve en poco más de media hora si las papas ya están fritas, y el pollo broaster depende sobre todo del marinado, que es espera y no trabajo. Lo contrario son el chicharrón de cerdo, el charquekán y la picana: dos horas o la víspera entera, y en los tres casos el tiempo es la receta y no se puede acortar.
En el color que dan y en cuándo se usan. El ají colorado es el de los platos rojos —picante de pollo, sajta, anticuchos— y aporta color profundo, dulzor y un fondo afrutado. El ají amarillo tira a naranja y es más perfumado: es el del fricasé y el de los caldos claros. Ninguno de los dos pica mucho; lo que pica de verdad es el locoto. Los dos se hidratan y se muelen, y los dos se frien en aceite antes de mojarlos.
Menos de lo que parece. El ají colorado y el ají amarillo aportan color y sabor más que picor; lo que pica de verdad es el locoto, y casi siempre va aparte, en la llajua, para que cada persona decida cuánto pone en su plato. Una comida boliviana sin llajua en la mesa es, en la práctica, una comida suave.
Algunos sí y otros no. El lechón al horno, el keperí, el pacumutu, el masaco y el majadito no dependen del ají: su sabor viene del asado, del urucú o del charque. El picante de pollo, la sajta, el fricasé y los anticuchos sí, y hacerlos sin ají no da una versión suave sino otro plato — el ají es el fondo, no el picante. En esos casos es mejor elegir otra receta que quitarle la pieza que la sostiene.
Cada ficha lo dice en su cabecera, y la mayoría está pesada para cuatro. La calculadora de porciones del sitio reescala cualquiera de ellas a las personas que vayan a comer, y el conversor de medidas traduce las tazas a gramos con la densidad real de cada ingrediente, que no es la misma para la harina que para el azúcar.