Comidas Bolivianas
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Recetas típicas de los Valles

La cocina de Cochabamba, Sucre y Tarija: maíz, trigo, fritura generosa y los platos más abundantes de Bolivia.

Los valles bolivianos están entre los 1.800 y los 2.800 metros, con clima templado y tierra que da durante casi todo el año. Esa diferencia con el altiplano —que no llega a mil metros de desnivel— cambia la cocina por completo.

Aquí no hay que conservar por necesidad. Hay maíz, trigo, habas, fruta y verdura fresca buena parte del año, y eso permite algo que en el altiplano es más raro: la abundancia como parte del plato. El silpancho es una fuente entera con arroz, papa, milanesa y huevo. El pique macho se sirve para compartir y aun así sobra. El chicharrón se vende por kilos. La idea de ración individual medida no forma parte de esta cocina.

El maíz es el otro gran marcador. Está en la chicha, en el mote que acompaña a casi todo, en las humintas y en las lawas que espesan las sopas. Donde el altiplano pone chuño, los valles ponen maíz, y esa sola sustitución explica la mitad de las diferencias entre las dos cocinas.

El ají dominante es el colorado, más dulce y afrutado que el amarillo paceño, y la hierba es la quirquiña, con ese amargor verde que define la llajua cochabambina.

Sucre añade a todo esto un repertorio de masitas coloniales que no tiene equivalente en el país, y Tarija aporta el vino y el singani, además de una despensa de fruta que se convierte en conservas en almíbar.

Cochabamba se llama a sí misma capital gastronómica de Bolivia y, a diferencia de otros títulos de este tipo, este se sostiene.